Jairo Otero, ADN de fútbol

Perfil Atlético

 

 

El 11 de diciembre de 1993 llegó al mundo Jairo Otero, en el seno de una familia futbolera donde el camino parecía estar trazado y a esa expectativa ha vivido disfrutando cada paso. La Raza Atlética ha contado con su presencia en los últimos años y se ha convertido en una pieza importante del engranaje nacional.

 

 

“Si no era fútbol, ¿qué más podría ser?”

 

En Puerto La Cruz vivía la familia en el momento de su nacimiento pero no pasó mucho tiempo hasta que se reubicaron en El Tigre, allí en la Escuela de Fútbol PDVSA San Tomé, inició la carrera de Jairo: “Junto a ‘El Chango’ Cárdenas que es como mi papá, allí comencé a dar mis pasos en esta vida del fútbol”. Durante el año y medio que permaneció allí, no tuvo una posición fija en la cancha: “Podría decirse que era un poco desordenado porque era mayormente entrenamientos. Ahí repotencié un poco lo que me hacía falta”.  

 

La influencia del deporte rey en su entorno ha sido sumamente importante para su carrera: “Viene de mi hermano, mi papá, mis tíos que son colombianos, ‘El Chango’. Creo que nuestra familia siempre fue futbolera y si no era fútbol, ¿qué más podría ser?”. Sin embargo, en ningún momento fue una obligación, desde su infancia supo que a esto se dedicaría: “Me gustaba desde muy pequeño, me llamó la atención. Terminé de establecerme con el fútbol a los 14 años y ahí comenzó todo”.

 

Su apellido es sinónimo de fútbol y en parte es debido a la exitosa carrera de su hermano, el internacional Vinotinto Rómulo Otero, con quien tiene gran afinidad a pesar de la distancia física: “No nos criamos juntos; nos veíamos en diciembre y vacaciones, apenas dos meses del año. Cuando yo me mudé al Tigre, él ya había llegado a Caracas FC y siempre nos mantuvimos unidos y con ganas de estar juntos día a día”, explica añadiendo que tienen una muy buena relación.

 

El amor fraternal es tal, que el primogénito de Jairo lleva el nombre de su hermano: “Rómulo es un ídolo, somos muy apegados pero más que mi hermano, lo veo como un ídolo. Es una persona que se superó a pesar de lo que le pasó, futbolísticamente y como persona. Con él todo es bueno. Nombré a mi hijo como él porque así lo sentí”, dice con orgullo.

 

 

“En Caracas, la profesionalización”

 

Guiado por los pasos de su hermano mayor y su sueño de convertirse en futbolista profesional, Jairo llegó a Caracas hace siete años: “En 2010-2011 salí de El Tigre y llegué a Caracas FC donde él ya estaba en la Segunda División. Probé y quedé en su equipo Sub 18, estuve allí dos años; Sub 18 y Sub 20”.

 

De allí saltó al Atlético Venezuela y comenzó en la categoría Sub 20. La llegada fue en un buen momento; el equipo estuvo a un paso de lograr el campeonato ese año: “Llegué a la Sub 20 del Atlético cuando fuimos Subcampeones; llegué junto a (Alexander) Molina, (José Antonio) Iré y (Andrés) Maldonado”. La temporada no fue perfecta; aunque su actuación no fue la mejor en el Apertura, el equipo se engranó para el Clausura y lograron una seguidilla de victorias: “Estuvimos como un año sin perder en la UCAB que era nuestra sede en ese momento. Llegamos a la final y lamentablemente la perdimos contra Zamora, ese año firmé con Primera División y aquí estoy”.

 

Jairo Otero se ha convertido en una figura del equipo nacional; pues ha recorrido tres de las categorías de la institución: “El tiempo, el trabajo y la constancia me han dado eso, venir aquí cada día y dar lo mejor de mí.  Agradezco a Atlético Venezuela por lo que me han dado, ser quien soy se lo debo a ellos. Vengo trabajando bien y aportando un poco para que las cosas salgan bien, para que todo siga adelante y siga creciendo”, asegura con ilusión.

 

Su carrera, como todas, ha tenido puntos altos y momentos tristes. Hay dos especialmente memorables: “Mi mejor momento en el fútbol fue la final Sub 20 en el 1-0. Comenzamos aquí ganando en el Brígido Iriarte y el gol lo hice yo. Muy cerca fue mi peor momento porque unos días después fuimos a Barinas y perdimos 4-0”, admite con pena.

 

 

Papá, hermano, hijo

 

Cada gol que anota tiene una dedicatoria especial: “Ahora con el nacimiento de mi hijo, todos los goles son para él pero siempre he dedicado mis goles a mi hermano y mi papá que está en el cielo”. De la paternidad también tiene mucho qué decir: “He cambiado muchísimo desde que soy papá. Es una experiencia muy bonita que le agradezco a Dios primeramente porque la estoy viviendo, por darme un hijo lleno de salud y por permitirme verlo crecer día a día. Jamás pensé que algo tan pequeño te pudiera cambiar la vida de un momento a otro”.

 

Su pequeña familia se está gestando desde hace tres años junto a Scarlet Rivero, la mamá del pequeño Rómulo: “Con ella quiero estar y tenemos una bonita relación. Desde el nacimiento de nuestro hijo se fortaleció nuestra relación y seguimos adelante y creciendo”, comentó con alegría.

 

Aún es muy pronto para saber a qué se dedicará su primogénito pero Jairo asegura que el fútbol siempre estará de por medio. Sabe que él aceptará lo que decida hacer su pequeño, aunque él 7 atlético no conciba su propia vida sin el fútbol, que considera un estilo de vida.

 

Para Jairo la unión de los seres queridos a pesar de la distancia es muy importante. Su mamá, Aramis Vásquez, vive en Puerto La Cruz y cada vez que puede lo acompaña en sus partidos. Con su hermano, en Brasil, también se mantiene en contacto constantemente: “Soy una persona muy apegada a su familia pero todos somos futboleros y entendemos que tenemos que estar distantes”, aseguró.

 

 

Su sueño profesional es jugar en la Selección Nacional con su hermano, a quien también nombra cuando le preguntan por un futbolista que admire. Aparte de Rómulo, se inspira en Adriano, el delantero brasilero: “Es rápido, potente, zurdo. Creo que veo algo de mí en él. Lo veo y trato de copiar algunas de sus cosas”.

 

El tiempo libre que le permite su itinerario de entrenamientos, concentraciones y partidos lo usa para compartir con su hijo: “Trato de estar con él todo lo que pueda para no perderme nada”. Al pequeño se suele encontrar en la tribuna acompañado de su mamá, viendo los partidos de su padre.

 

Para distraerse, cualquier película le sirve. Y si habla de música, aunque le gusta bailar reguetón, salsa y merengue, prefiere escuchar reggae; un género que también disfrutan sus padres y que asegura Jairo, “es liviana y te relaja”. Por último, comenta que prefiere la pasta cuatro quesos  pero no es quisquilloso con la comida: “aquí comparto con Dimas y como no sabemos cocinar, comemos en restaurantes y disfrutamos a veces hamburguesas o comida china”.

 

Jairo Otero es una de las joyas de la Raza Atlética, ha formado parte de la institución los últimos cinco años y también es ahora parte del Top 5 de goleadores históricos del Atlético Venezuela con 11 tantos anotados.